Si nos dejan decir la verdad, todos debemos saber ahora y para siempre quien fue Juan Yucatán Camacho del Sagrado Corazón de Jesús, alias "Juanete Camacho", "el tigre Juanete" y también "La Cosa Negra". ¿Quiénes fueron sus padres? Esta pregunta que a veces también nosotros nos hacemos: ¿Quiénes fueron nuestros padres? Y no siempre nos respondemos con la verdad. En cuanto a Juanete, el interrogante también se repite. Quienes fueron sus padres, no lo sabemos, sí está claro que nació en Guanajuato y que a las pocas semanas de vida y durante la noche de San Juan fue dejado como un presente de la Providencia en la puerta de la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato. Sobre un modesto camacho de mimbre, la criatura que lloraba melodiosamente de hambre y de sed fue encontrada por los sacerdotes del templo que se vieron en apuros para calmar sus necesidades terrenales. Al día siguiente, luego de un rápido bautizo, fue llevado hasta un convento y dejado al cuidado de unas monjas caritativas que se hicieron cargo del regalo. No vamos a revelar aquí el nombre de la Orden de las religiosas que primero criaron y después trataron de educar a Juanete, porque éste en su adolescencia, luego de escaparse de la protección de las Hermanas de Cristo, se jactaba de haber sido amamantado con leche de monja nodriza.La humanidad, nuestra humanidad, creadora de grandes religiones y mutadoras de creencias, estuvo más o menos tranquila hasta que apareció el fútbol. Fue precisamente un partido de fútbol lo que a Juanete, que luego de escapar de las Hermanas de Cristo, lo llevó al estadio del Toluca donde se instaló como ayudante de un vendedor ambulante. Fue en esas tribunas donde se especializó en cantos deportivos, cuyos destinatarios eran los árbitros y la equivocada profesión de las madres de todos ellos. Tampoco faltaron quienes, hartos de sus insolencias, lo esperaron a que saliera del estadio para darle su merecido y durante horas aguardaron en vano su descuidada presencia. No sabían que el personaje vivía escondido como un fantasma y que rara vez salía del estadio. Pero una vez salió con su liviano equipaje y ya no regresó. Hasta sus oídos había llegado la información de un edificio abandonado que lo estaba esperando en el D.F. Como siempre les ocurre a los más desposeídos, a los más pobres y carenciados, no le fue fácil entrar. El que sería su nuevo domicilio, tenía una metálica y estaba bien cerrada; sólo había que esperar que alguien la abriera y que también, se descuidara. Mientras tanto vivió en la calle y se apoderó de un diablito de supermercado para acarrear sus pertenencias que se fueron incrementado en la urbe, como un montón de libros muy viejos y otros no tanto, que los deudos de un profesor fallecido depositaron en la vía pública como basura.
Un serio problema de tuberías que se manifestaba en el agua que a raudales salía por debajo de la puerta del edificio abandonado, lo invitó al azteca posmoderno entrar junto a unos operarios que fueron llamados a solucionar el problema. Quienes abrieron la puerta por orden de los dueños de la propiedad para que entraran los operarios fontaneros, creyeron que Juanete formaba parte de los obreros; y éstos, a su vez creyeron que formaba parte de los que traían las llaves y abrieron. Arreglado el desperfecto donde Camacho tuvo una activa colaboración, todos se retiraron del edificio, menos el personaje que ya había tenido tiempo de entrar su carro con todo lo suyo, incluyendo sus provisiones. Como el edificio y sus doce pisos estaban en ruinas, los problemas de luz, gas, agua y desagüe comenzaron a multiplicarse. A la tercera visita de los especialistas que eran llamados a reparar los desastres, los dueños pudieron comprobar que Juanete era un don nadie y había que desalojarlo, pero éste se escondió y no lo puedieron encontrar. A la quinta visita de los técnicos y de los dueños, lo declararon un mal necesario permitiendo que se quedara a cuidar la propiedad a cambio de que no se rompiera nada más. Fue así como Juanete se instaló en la sala de máquinas que estaba ubicada en el medio de las dos terrazas del inmueble que estaba ubicado cerca de la avenida de Los Insurgentes. Por otros problemas legales no es posible, por ahora, dar la dirección exacta.
Con esta primera dosis de monjas, de fútbol y de cloacas, ya hemos dado los primeros pasos para entrar en situación con nuestro azteca posmoderno que era de mediana estatura y un poco menos. No vamos a decir que era feo, sólo diremos que era simpático. También cantaba y con la intervención del tequila, entregaba sus propias canciones y la guitarra lo perdonaba. Las monjas le enseñaron a leer y a cantar; el fútbol, a insultar, a correr y a esconderse; las cloacas, a sobrevivir y a mantener la calma, dejando que todo fluya y encuentre su cauce natural.
Juanete no era un vagabundo cualquiera, había leído lo suficiente para saber dónde estaba escondido, tenía una posición política tomada y había asumido, desde su carencia y su abandono, el compromiso de sentirse latinoamericano sin ningún complejo de inferioridad. He aquí la letra de la primera canción que de su vieja guitarra salió en su nueva residencia:
VIVIR MEXICANO, MEXICANO MORIR
No me hablen de las fuentes de Roma
ni de lo que hay o no hay en París,
de Manhattan no me platiquen ni en broma
porque allí ni una hora yo podría vivir.
Que todo el champagne se lo tomen en Francia
y todo el Cuba libre donde nadie se queja,
aunque el whisky tenga mucha importancia
jamáz un azteca de su tequila se aleja.
No me pidan que me vaya a Pamplona
dejando mi tierra yo no me siento,
en la próxima cuando sea paloma
podré volar hacia los molinos del viento.
Porque Teotihuacán es nuestra Atenas
pensar en Grecia es una gran emoción,
sus ruinas son mis ruinas y mis penas
y nuestro Templo del Sol, nuestro gran Partenón.
Sin ser Egipto tenemos historia
contamos pirámides sin Cleopatras
y sin Napoleones buscando la gloria
tenemos a Juárez, Madero y Zapata.
No viajaría para pedir tres deseos
estando en la fuente tan ocupado,
para ver lo robado en ingleses museos
o a las Meninas en el Museo del Prado.
Con mis murales aquí yo me quedo
donde prefiero trabajar y sufrir
junto a Orozco, Rivera y Siqueiros
¡vivir mexicano y mexicano morir!
