miércoles, 19 de noviembre de 2008

Benjamín Castro, alias "el conejo Rápido-cortaplumas"

Benjamín Castro había nacido en Culiacán y era hijo de mariachis,
de ahí su odio por la música, odio que pudo tranformar en creación
cuando se compró un piano eléctrico para integrar el conjunto de
rock "Bruja Bibelot" junto a Belinda, que tocaba la guitarra, y a
Benjamín, que tocaba el bajo; ambos hijos del caballo López Mateos.
Como todo conejo, su karma era correr detrás del placer, situación
que también pudo controlar teniendo dos novias, la Güera Lisa,
su novia oficial, y la Morena Cintura, su novia genital. El tercer
problema, el del alcohol, lo solucionó haciéndose barmar. En la
compañía de seguros trabajaba de ordenanza y el día que lo
conoció a Juanete y sus delirantes proyectos culturales, supo que
tendría una buena oportunidad para la música, los amores y la sed.
De coctelería no sabía absolutamente nada, lo que hablaba bien
de su sinceridad, virtud desconocida en un vasto territorio donde
todos saben preparar Margaritas, Mojitos, Cubas libres, etc.
La otra rara virtud de este joven era que le gustaba leer libros,
actividad ignorada por toda su generación, la que viene y otra más.
Superada esa difícil etapa de querer ir a lavar platos a New York,
escondió en un cajón toda la peligrosa literatura norteamericana
y se acercó a los libros de coctelería que nunca se van a poner de
acuerdo con la fórmula de los tragos más conocidos en el mundo.
Sin decirle nada a nadie, comenzó a visitar bares como cliente y
fue anotando todo lo que probaba, veía, escuchaba y comprendió
cuan importante es el alcohol en la vida de los seres humanos.

Llegar a ser el hombre del bar y no haber cumplido aún 21 años
lo hacía sentirse completamente seguro de lo que hacía y dejaba
de hacer. Mientras estuvieran las botellas más bien llenas que
vacías, mientras hubiera vasos y bastante hielo, el que mandaba
y cobraba era él. El conejo Rápido-Cortaplumas también tenía
otro punto a su favor, su mente había ligado a la coctelería con lo
más sanginario de la literatura norteamericana, lo que le daba
tema para conversar; sabía que un barman callado está muerto.
Un buen Negroni lo prepara cualquiera con hielo 1/3 de Campari,
1/3 de Vermouth rojo, 1/3 de Gin y adorna el vaso con una
rodaja de naranja, pero no cualquiera se acuerda de memoria un
párrafo de "La Cabaña del Tío Tom" escrita por Harriet Beecher
Stowe, "la mujercita que ganó la guerra". Porque así la llamaba
Abraham Lincoln a la escritora que con su novela despertó a
medio millón de conciencias, ya que medio millón de ejemplares
vendió la novelista en poco tiempo:

-------------------------VENTA DE ESCLAVOS-----------------------
----------------------------¡Esclavos negros!-------------------------

"De acuerdo con la orden del tribunal serán vendidos el día martes
20 de febrero, ante la puerta del Tribunal de Justicia de la ciudad
de Washington, Kentucky, los siguientes negros: Hagar, de 60 años;
John, de 30; Ben, de 21; Saúl, de 25; Albert, de 14. La venta será en
beneficio de los acreedores y herederos de José Bluchtford R.I.P

------------------------------Samuel Morris & Thomas Flint, Albaceas"


Que otros prepararan un Gimlet con la fórmula que tuvieran a mano,
con hielo, 2/3 de Gin y 1/3 de jugo de limón; eso no tenia ciencia ni arte.
Con el Gimlet y muchos otros tragos, el conejo Rápido-Cortaplumas
imponía su estilo:

"-Cómo va con la bebida?

- Perfectamente, viejo. Por alguna razón extraña he podido controlar
la cosa. Pero una nunca sabe, ¿no le parece?

-Tal vez usted nunca se embriagó en serio.

Estábamos sentados en un rincón del bar de Víctor, bebiendo Gimlets.

-Aquí no saben prepararlo -dijo-. Lo que llaman Gimlet no es más que
jugo de limón con Gin, una pizca de azúcar y licor de raíces amargas
(Bitter Angostura). El verdadero Gimlet está hecho de mitad de Gin y
mitad de lima Rose y nada más. Lo deja chiquito al Martini.

-Nunca fui muy exigente con las bebidas...¿Cómo se lleva con Randy
Star? Por mi barrio lo consideran un punto fuerte.

Se echó hacia atrás y quedó pensativo.

-Creo que lo es. -Creo que todos lo son- Pero no lo desmuestra. Podría
nombrarle una buena cantidad de tipos que en Hollywood andan en el
negocio y se mandan la parte. Randy no se preosupa por eso, no hace
ostentación. En Las Vegas es un hombre que tiene negocios legales.
Vaya a verlo la próxima vez que ande por allá. Se hará amigo suyo.


-No lo creo. No me gustan los rufianes.

-Esa no es más que una palabra, Marlowe. Es la clase de mundo que
tenemos, un mundo que nos legaron dos guerras y que tenemos que
preservar. Randy y yo y otro amifo estuvimos una vez en un aprieto
y eso creó una especie de vínculo entre nosotros.

-Entonces por qué no le pidió ayuda cuando la necesitó ?

Vació la copa e hizo una seña al mozo.

-Porque no podía negarmela."


De "El largo adiós" de Raymond Chandler.

El conejo era un maldito condenado preparando el mejor Bloody Mary,
ponía en la coctelera la justa cantidad de jugo de jitomates bien frío, la
justa cantidad de sal y pimienta, un toque de salsa Worchester Shire,
tabasco a discresión y una siempre injusta cantidad de Vodka. Pero no
importa, nunca olvidó como Truman Capote había empezado su novela
"A sangre fría":

"Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1969, muy pocos
americanos -en realidad pocos habitantes de Kansas- habían oído
hablar de Holcomb. Como la corriente del río, como los conductores
que pasaban por la carretera, como los trenes amarillos que bajaban
por los rieles hacia Santa Fe, el drama, los acontecimientos
excepcionales nunca se habían detenido allí.
Los habitantes del pueblo -doscientos setenta- estaban satisfechos de
que así fuera, contentos con existir de forma ordinaria...trabajar, cazar,
mirar televisión, ir a los actos de la escuela, a los ensayos del coro y a
las reuniones del Club 4H. Pero entonces, en las primera horas de la
mañana de noviembre, un día de domingo, algunos sonidos
sorprendentes interfirieron con los nocturnos ruidos normales de
Holcomb...con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las
plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las
locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido...
cuatro disparos que, en total terminaron con seis vidas humanas. Pero
después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada
como para no echar llave por la noche, descubrió que su imaginación los
recreaba una y otra vez...esas sombrías explosiones que encendieron
hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se
miraron extrañamente, como si no se conocieran."


En el fondo, lo importante para todo cliente solitario que se acerca a
confesarse en la barra de un bar es que el Gin tonic tenga Gin y que el
Pisco Sour tenga Pisco. Además del hielo, lo fundamental es el diálogo:

"-Stan, tienes que dejar de beber. Ya pasa de broma.

-¿Por qué no han de pasar de broma las cosas? Tu te estás pasando de
broma y yo no me quejo.

-¡Pero querido, es que te vas a matar!

-¿Y qué?"


de Bomba de Incendios, "Manhattan Transfer" de John Dos Pasos.

Y en las memorables conversaciones de nuestro barman no faltaban
las víctimas que mueren acribilladas a balazos en el mostrador de
una pizzería ("El Padrino" de Mario Puzzo), ni las buenas novelas de
los escritores de otras guerras. Entre la épica preparación de un
Manhattan o de un Stinger más de una vez se deslizaron palabras
de "La roja insignia del valor", novela de Stephen Crane;
como entre Mojitos y Daiquiris las de Hemingway, aunque no fuera
más que una sola frase definitoria, como aquella inolvidable cuando
definió el término coraje: "Gracia bajo presión".

"La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente
alegre. Era mejor mostrarse alegre, era una buena señal. Algo así
como hacerse inmortal mientras uno está vivo todavía. Era una
idea un poco complicada. Lo malo era que ya no quedaban con
vida muchos de buen humor. Quedaban condenadamente pocos.

-Si sigues pensando así, muchacho, acabarás por largarte tu
también. Cambia de disco, muchacho, cambia de disco camarada.
Ahora eres tú el que va a volar el puente. Un dinamitero, no un
pensador.-

Muchacho tengo hambre. Espero que Pablo nos dé bien de comer."

de "Por quién doblan las campanas"

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