Entre los que circulaban por las instalaciones de Juanete, el único
abogado era el caballo López Mateos, por ende, era el asesor legal
y una fuente de consulta. No obstante, era un hombre honrado.
Eustaquio sólo vivía de su trabajo en la compañía de seguros, la que
siempre trataba de postergar el pago de los siniestros. Casado una
sola vez y padre de media docena de hijos, siempre tenía a mano
el termómetro del sentido del humor que marcaba la temperatura
de su inteligencia. Después de Juanete, era el que observaba las
conductas para poner los sobrenombres correctos. Tocaba el violín
y junto a la cabra Juanita y a la mona Mirtha integraba el famoso
trío Los Galoperos. También hacía la segunda voz y a veces componía
música, como esa que al ritmo de las viejas locomotoras, fue a parar
a una canción del azteca posmoderno y cuyo tema hace referencia
a Pedro Infante, Pedro Vargas y a Pedro Armendáriz:
LOS TRES PEDROS
Yo soy Pedro, el cantante de los trenes,
de trenes y vaivenes,
de vaivenes y retenes,
de retenes y de bienes,
de bienes y de quienes,
de quienes y sostenes que me ayudan a vivir.
Yo soy Pedro, pescador de las canciones,
de canciones y versiones,
de versiones y razones,
de razones y emociones,
de emociones y pasiones,
de pasiones y calzones que me llevan a morir.
Yo soy Pedro, el de muchas serenetas,
de serenatas y bravatas,
de bravatas y culatas,
de culatas y corbatas,
de corbatas y mulatas,
de mulatas y de patas que ya tengo que partir.
Como buen jurisconsulto, las bonitas palabras de López Mateos
conseguían patrocinantes para las instalaciones de Camacho, obras
que el estimaba y protegía por ser comunitarias y fugaz albergue
para sus amados hijos:
Bizancio, su hijo mayor estudió teatro sólo para estar en su contra.
Resignado, lo envió a Inglaterra para que a través del idioma se
hiciera amigo de Shakespeare. Para consolar a su esposa, el abogado
la tranquilizaba con estas palabras: -Por lo menos, va a trabajar
en el escenario. Ya está preparado y sin ningún tipo de maquillaje,
será Calibán, el salvaje primitivo exclavizado por Próspero en "La
Tempestad"; después nos sentiremos realizados cuando actúe como
oficial de la Corte de Justicia en "El mercader de Venecia". Y tal vez
más adelante, quien te dice, nos dé una satisfacción y protagonice
una obra y sea nada menos que "Otelo".-
Brunilda, su amada hija, para no estar a su favor, en lugar de
estudiar abogacía, prefirió las Ciencias de la Fe y la Esperanza y como
si esto fuera poco, se hizo católica practicante. Resignado, su padre
la envió a Roma para que supiera donde se había metido.
Baldomero, que también resultó excéntrico, para mayor felicidad
de sus padres se puso a estudiar Derecho. Fue ayudado en todas
las materias y después de varios años de metódico estudio, consiguió
abandonar todo y dedicarse a la fotografía, su verdadera vocación.
Cuando Baldomero le preguntó a su padre que ciudad del mundo
le correspondía, la respuesta fue lacónica: Lambaréné, en el Congo.
Benito, puso todo su tiempo en dos perros y siete gatos. Cuando su
padres le sugirieron que eligiera entre estudiar veterinaria o abogacía,
el amado hijo se opuso a la disyuntiva diciendo que él no iba a
permitir que sus animales se enfermaran o se pelearan entre ellos.
Por fin nacieron los mellizos que estarían destinado al estudio de
las leyes. Fue así como Los Morochos del Cielo se dedicaron a las
leyes de la música. Belinda y Benjamín durante el día estudiaban
música lírica y durante la noche se dedicaban al rock e integraban
con Benjamín Castro, el conejo Rápido-Cortaplumas, la banda
"Bruja Bibelot", conjunto que no gozaba de la estima familiar.
La verdadera joya de la familia fue Linda Salinas de López Mateos,
la esposa del abogado y la santa madre que después de muchos
años de estudios se recibió de abogada con medalla de oro, premio
al esfuerzo que recibió en nombre de todos sus amados hijos.
jueves, 20 de noviembre de 2008
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