El cuadro de situación es el siguiente: Juana Valdés nace en Jalisco,
se educa en Jalisco, allí se enamora, se casa y se pelea con Jalisco.
Llega al DF, se educa en el DF, se vuelve a enamorar, se casa y se
divorcia en el DF, pero ya no se pelea con el DF porque lo conoce a
Juanete Camacho. En la compañía aseguradora era la única mujer
que andaba con pistola. El hecho de trabajar en el tesoro de la
empresa reforzaba esa amistad con las balas y el gatillo; el arma
formaba parte de sus "efectos personales". En el Observatorio
Gastronómico-Cultural, además de integrar el trío "Los Galoperos"
tocando la guitarra junto a la mona Mirtha y al lado del caballo López
Mateos que tocaba el violín, tomó la sartén por el mango. Era la cabra
Juanita quien manejaba la cocina y era mejor no discutir con ella, sus
"efectos personales" siempre los tenía a mano. Practicó la cultura
cotidiana de América latina a través de sus vestimentas, canciones,
bailes y alimentos. Fue una adelantada regional y se hizo fuerte en la
investigación y preparación de comidas latinoamericanas desde donde
siempre salió airosa, ya fuera locro argentino, cazuela chilena, feijoada
brasileira, chivitos uruguayos, sopa paraguaya, pique macho boliviano,
causa peruana, carapachos ecuatorianos, bandeja paisa colombiana,
pabellón criollo venezolano, arroz con pollo costarricense, arroz congrí
cubano, chictay haitiano o mangú dominicano. Lo bueno fue que nunca
enfermó a nadie, al menos nunca nadie declaró en su contra. Sus manos
no sólo tenían facilidad para las pupusas salvadoreñas, los nacatamales
nicaragüenses, los tamales panameños, las montucas hondureñas, las
tortillas o los tacos, sino que también fue comentada su puntería con el
cucharón, amén del revólver. A la decoración de la cocina, le dio su toque
femenino para que se lucieran los diversos condimentos, las finas hierbas
y un arsenal de afilados cuchillos. Como era de baja estatura, hablaba en
voz alta. Un largo delantal era su uniforme que completaba con zapatos
de tacones agujas y con los cabellos que elevaba desde zonas remotas,
de tal manera que con la altura recuperada con el peinado monumental
y con los centímetros ganados en el calzado, Juana Valdés pasaba a ser
una mujer alta y distinguida y que nadie se atreviera a decir lo contrario.
Si por algo la cabra Juanita ha quedado en la historia mexicana no ha sido
por haber despachado al otro mundo a unos cuantos delincuentes que se
equivocaron con ella, sino porque ante los señores jueces supo demostrar
que era una mujer de trabajo, honesta, valiosa en la cocina, discreta en el
dormitorio, muy limpia en el baño y que utilizó su arma como último
recurso y en defensa propia. En los estrados judiciales, se calló muy bien
de decir, entre otras cosas, que por su vida bohemia era adicta a los
juegos clandestinos, a las apuestas, al espionaje telefónico y que estaba
registrada como una de las grandes bebedoras de tequila, con etapas de
abstinencia, milagros concedidos por la Virgen de Guadalupe. También
era fanática de la iglesia electrónica y como toda ama de casa, perseguía
las ilusiones del cine y la TV. Sabía de corazón todas las vidas, las obras,
los sexos y las drogas de los melodramáticos ilusionistas mexicanos. En
cierto modo, ella también actuaba, pero no le pagaban por ello. Como a
tantos otros, la cocina la hizo famosa, por eso cuando salía de compras
tenía la precaución de usar lentes oscuros para no ser reconocida y si
bien le gustaba firmar autógrafos, no concedía reportajes aludiendo que
los periodistas saben sacar verdad de mentira y ella no estaba para
pleitos. El fuego del horno, el apuro de las ollas, las extrañas especias
orientales y el humor picante de los chiles, la hicieron una buena y
nerviosa cocinera de carácter podrido. Después de una cena y de la
digestión, se calmaba como un postre y fue esa dulzura lo que le inspiró
a Juanete más de un Cha cha chá; a otros, a los que le tenían hambre,
a los rufianes despechados, sólo podía inspirarles agravios y una buena
guarnición de malas palabras que no vamos a recordar aquí porque
está su madre de por medio. Por último, como un bajativo licor de menta
o de cacao, sólo podemos afirmar que aquel popular diagnóstico "más
loca que una cabra" la primera vez que fue dicho, lo dijeron por ella.
AMERICA LATINA... CHA CHA CHÁ
Al acordarnos de China
cuando tomamos el Té,
que de América latina
se acuerden con el Café.
Los chinos para el Té
hicieron la porcelana,
nosotros con el Café
toda clase de macanas.
Estribillo:
Fumá chiquito fumá
nunca dejes de fumá,
con las alitas bien negra'
al cielo va's ir a pará'.
Nuestros artistas latinos
como habrán observado
por amor a la patria eligen
cigarrillos importados.
Aquí en América latina
tenemos todos los males,
pero sólo con fumar en pipa
nos volvemos intelectuales.
Estribillo
Como somos buenos pobres
perdemos lo necesario
y con solo fumar un habano
nos volvemos millonarios.
Para que un millonario pueda
ser un pobre de alto vuelo
sólo tiene que fumar
algunos puchos del suelo.
Estribillo
Cantando las cosas nuestras
que por su origen destaco,
además de maíz y patatas
por aquí nació el tabaco.
Qué buena es nuestra tierra,
buena el agua y buena la luz,
sembramos Chavelas Vargas
y una que otra Celia Cruz.
Estribillo
Una de las recetas más sofisticadas
de Juana Valdés, alias "la cabra Juanita":
QUINOA CON AVE QUE VIENE DEL ORIENTE
Ingredientes para 6 comensales:
300 gs de quinoa (*)
100 cc de salsa de soja
2 cubitos de caldo de ave
1 ave mediana cocinada al horno (**)
1 manojo de cilantro limpio y fresco
Preparación:
Con antelacion ponga a remojar la quinoa, porque
es un pseudocereal andino de grano duro que ha crecido
en las altas cumbres de los Andes.
Antelación equivale ante las estrellas,
es decir, la noche antes.
Ya estamos en el otro día. A fuego lento ponga a hervir
la quinoa en un caldo preparado con los 2 cubitos.
Si tiene caldo de verdad, es mejor. La verdad siempre es mejor
que los calditos de mentira.
Cocine el pseudocereal durante unos 20 minutos, no más.
Si prueba la preparación, es probable que le resulte insulsa,
pero no agregue sal, ya que la salsa de soja
que viene después es bastante salada.
Desmenuce el ave que se ha cocinado en el horno
y que ya está tibia. Retire toda la piel, los huesos y proceda
a picar el resto que agregará a la olla donde está la quinoa.
Revuelva con alegría, pero con prudencia.
Apague el fuego, tape la olla y vaya a hacer lo que tiene ganas.
Tampoco se demore, sepa que la comida se enfría.
Antes de servir, agregar la salsa de soja tibia.
Sobre casa plato, como si fuera un cuadro,
agregue un poco de cilantro de manera artística.
Presentar un lindo plato es un arte
que usted debe practicar más seguido.
(*) Si no consigue quinoa, comuníquese por Internet
con el Cónsul o con el Agregado Cultural boliviano más cercano.
(**) Las mejores especies de aves para esta comida son
estas que nombraré por sus nombres científicos:
Gallus gallus, Anas platyrhynchus, Phasianus colchicus.
jueves, 20 de noviembre de 2008
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