martes, 18 de noviembre de 2008

La apoteosis

Como no hay Juanete que dure 100 años ni México que lo resista, a Camacho, alias "la Cosa Negra", le llegó su hora cuando el gerente de la aseguradora, Sr. Porfirio Ballena, le pidió que abandonara las instalaciones que ocupaba en el edificio ya que la empresa estaba en quiebra e iba a ser absorvida por un holding internacional. La respuesta del porfiado azteca fue contundente:

"Antes que desarmar el Observatorio Gastronómico-Cultural "La Cosa Negra" y la Carpa Sanitaria de Primeros Auxilios para el Alma "La Cosa Clara", tendrán que pasar sobre mi cadáver."

Acto seguido, Juanete declaró la toma de todo el edificio y se apostó a no cumplir la orden de desalojo desde una de las terrazas donde estaba la Carpa de Primeros Auxilios. Hasta allí fueron llegando sus 11 fieles colaboradores que el había rebautizado con los nombres de los animales del horóscopo chino: La cabra Juanita Valdés, el caballo López Mateos y los siete integrantes de su familia, el conejo Benjamín Castro, alias "el rápido cortaplumas", el perro Lázaro Jaramillo, la mona Mirtha Medrano, la rata Clarita Peña, el gallo Luis Luna, el búfalo Guatimozín Corvalán y el chancho Remigio Machuca, quien llegó acompañado de una escoba.Se sumaron al conjunto antedicho, empleados de la aseguradora, varios de ellos rebautizados por Juanete, con los nombres de los animales del horóscopo maya, tal eran los casos de las víboras Patricia Llamas y Francesca DilFuoco, del departamento de Incendios, del murciélago Alexis Vampiri, del departamento de archivo, y de la mismísima secretaria del gerente, la ardilla Guadalupe Petit Gris, alias "miss Guadalajara", quien ya no respondía a sus mandos gerenciales.Como las cosas se empezaban a desmadrar, el gerente de la tambaleante empresa de seguros, el taurino Porfirio Ballena, subió hasta la carpa para parlamentar con el líder azteca, pero fue en vano, el tigre Juanete estaba decidido resistir hasta las últimas consecuencia y no antes.

En la calle la batahola multiplicó sus ruidos con el tumulto y aumentó su furia con el fuego y el humo de los estudiantes universitarios que fueron convocados de urgencia por Radio Kmala, la emisora de los desocupados, la que tuvo que suspender su programación habitual para transmitir la toma del edificio y con la ayuda de altoparlantes y un vocabulario soez, fue relatando los hechos desde el lugar de los insultos. Una orquestación wagneriana de ambulancias se sumó a la de los bomberos que atascó y cortó el tráfico para convocar a todo el periodismo gráfico del Distrito Federal, aunque la mayoría llegó después que la amiga periodista y del signo de Aries, María Pura Batalla, quien tuvo la primicia y apareció antes que todos los otros montada en la escalera telescópica de un carro de bomberos desde donde se puso a transmitir con sus cámaras la noticia en exclusiva para su programa televisivo "México Loco".

Cuando los federales entraron a desalojar por la fuerza la terraza, Juanete Camacho se jugó la vida y salto al vacío en vivo y en directo para millares de hogares. Su cuerpo destrozado manchó la calle de fama; su sangre y su muerte los salpicó a todos. Ante la descomunal manifestación y con la gloriosa y fatal apoteosis, el alma de Juanete se salió con la suya, las autoridades del gobierno, con la generosa ayuda económica de unos laboratorios secretos que trabajaban para el placer y el dolor de mucha gente, no tuvieron otro camino que intervenir la compañia aseguradora y luego nacionalizarla. El gerente y sus hábiles contadores fueron llevados a la cárcel, acusados de vaciamiento de empresa y asociación ilícita. Los antiguos empleados, que por honradez y otros méritos pudieron conservar sus puestos de trabajo, se sumaron a los nuevos que nombraron las autoridades y todos pudieron seguir disfrutando de las instalaciones creadas por el líder, ídolo y mártir, que con paciencia, esperanza y algunos kilos de bronce, enemigo del olvido, aún espera su efigie; como también espera al artista que con cincel en mano saque del mármol, amigo de lo eterno, el monumento que honre su gesta en el porvenir de la historia.
Precisamente, su memoria todavía está fresca y cuenta con suficientes testigos y anécdotas que lo salvan y lo perdonan. Sin ir más lejos, en una de esas noches previas a la víspera fatal, donde la gastronomía y la juerga eran más amigas que nunca, Juanete, pidiendo un tequilita más, dictó su epitafio: "Se fue de viaje con el tanque lleno." Esa misma noche, le abrió la jaula a los pájaros de su emoción que volaron por los arpegios de su guitarra. Son los ruiseñores y los mirlos que aún siguen volando en la canción de su adiós y no habrá otra canción que tenga un título más acertado para recordar una hazana ni más oportuno para llorar una despedida:

ADIÓS HERMANOS QUERIDOS

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