martes, 25 de noviembre de 2008

Elegir, sin equivocarse, una obra representativa del arte de Costa Rica a Mirtha Medrano le tomó su tiempo. Después de varias horas, se quedó con la reproducción de una acuarela de Fausto Pacheco, "Casa campesina con montañas" y no, con una reproducción de un óleo de Tomás Povedano.

La riqueza cultural y artística de América latina es inaudita. La mona Mirtha para representar al arte de Cuba eligió esta reproducción de René Portocarrero y no una multiplicación de una obra de Wifredo Lam, el pintor cubano mas reconocido en este planeta.


La justificada y laboriosa fama del pintor Roberto Matta, le facilitó las cosas a Mirtha Medrano a la hora de elegir una pintura que representara el arte de Chile. Y así lo hizo y dejó pendiente para otra oportunidad la obra del chileno Ricardo Yrarrázaval.


Del Ecuador, la mona Mirtha siempre tuvo buenas reproducciones de pinturas, entre las que se contaban las de Camilo Egas, pero para representar en un sólo cuadro el arte ecuatoriano estaba obligada a eligir alguna reproducción de Oswaldo Guayasamin, especialmente alguna obra de la serie Manos. Sólo él, pudo después de Rodin, trabajar las manos mejor que nadie. Mientras el escultor francés trabajaba las manos desde la belleza; Guayasamín, lo hacía desde el dolor.


De El Salvador, la reproducción elegida fue esta pintura de Camilo Minero y no alguna de las tantas y buenas obras de Noé Canjura.

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Mirtha Medrano conocía, ademas de la obra de Ossaye, el movimiento renovador de la nueva pintura de Guatemala. Aparte de tener varias reproducciones de nuevos pintores abstractos, llegó a tener obras originales de Elmar Rojas, empero en esta ocasión, consideraba que debía seguir con las reproducciones y para representar a la pintura de Guatemala, tenía guardado una que ella llamaba "Mi Guernica latinoamericano", obra de denuncia y temática social que había sido pintada por el respetable artista guatemalteco Roberto Ossaye.


Tarde se dio cuenta la mona Mirtha de que había vendido todas sus bellas reproducciones de pinturas haitianas para pagar los metros de seda de sus nuevos vestidos. Ante el apuro, no le quedó más remedio que acudir a Internet y buscar pinturas de Fretzner Alphonce o bien alguna de Fritzner Lamour y hacer con ella un mural para salir del paso. Fue lo que hizo con Lamour.


A la hora de elegir una obra hondureña, Mirtha Medrano estuvo más ecléctica que de costumbre, por eso, se inclinó por una reproducción del cuadro "Mujer Maya" de Tulio Reyes y no, por una de las multicolores obras del hondureño Mauricio Pérez.




La elección de una pintura mexicana no fue una tarea fácil para la mona Mirtha. Al final colgó una reproducción de una obra de Armando Ahuatzi y no "Autoretrato con chango y loro" de Frida Khalo, porque según ella, Frida se merecía un descanso; y sus loros también.

Según el criterio de la mona Mirtha, Nicaragua debía estar representada por la reproducción de un dibujo en blanco y negro de Carlos Montenegro y no por alguna obra de Yoya López.



De la pintura de Panamá, Mirtha Medrano eligió la reproducción del cuadro "Bodegón con pescado" de Alfredo Sinclair. La naturaleza viva del panameño no por mucho le pudo ganar a la pintura de la panameña Coqui Calderón.

La pintura del Paraguay estaría representada por una reproducción de la obra "Piedra Ritual I" de Carlos Colombino. En otro momento, hubiera elegido alguna obra de Enrique Careaga.

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